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| Kiraku ryu Atemi Densho |
Los métodos autóctonos de lucha, en el país nipón son documentados
por primera vez en las crónicas de Japón del año 720 d.C, el Nihon Shoki 日本書紀. El
Sumai no Sechie se viste de gala durante
el reinado de Suinin al recordar sus orígenes en el épico enfrentamiento entre Nomi no Sukune y Taima no Kehaya (este último, un noble de gran fuerza y estatura,
según Mitford en su Tales of Old Japan).
Esto ocurre alrededor del año 23 a.C. No se trataba más que de una banal
disputa para demostrar quién era el mejor de los luchadores de la época. Esta
primitiva contienda, marcó el patrón para el estudio y refinamiento posterior
de los métodos de combate en Japón. De ahí, nació el Sumo, un combate ritual con tintes lúdicos, casi tal como lo
conocemos hoy en día. El Sumo, ya
entonces, era un deporte de masas, pero poco a poco, las incipientes y
crecientes reyertas militares en Japón se percatan del potencial del Sumo como método de combate a mano
vacía. Estamos a las puertas de otro cambio.
La época Kamakura
Jidai (1185-1333) se convierte en testimonio de primera fila de cómo el Sumo practicado hasta la fecha alcanza
una nueva dimensión al verse transformado en un arte militar, una disciplina
que pasa a formar parte del adiestramiento de tropas y que adopta el nombre de kumiuchi 組打. El
creciente desorden social en el archipiélago y las disputas territoriales,
provocan el nacimiento de los primeros cuerpos de combate adiestrados para tal
menester, las primeras tropas, los bushi,
los soldados de casta samurai.
Numerosas técnicas del Sumo
son todavía válidas y por ello exportadas a los nuevos sistemas de combate.
Pero bien cierto es que son complementados con el uso de los golpes con y sin
armas, el uso del peso de la armadura una vez el enemigo era abatido y no podía
levantarse (recordemos que las armaduras de esta época podía perfectamente
situarse en los 25 kilos de peso, hecho que dificultaba la movilidad una vez
derribado), también con las presiones sobre el menpo (careta que cubría
parcialmente la cara) y el uso de las dagas (yoroi doshi, kodachi) en las zonas desprotegidas por la armadura
para acabar con la vida del individuo.
El combate cuerpo a cuerpo no surge como una especialidad
más a estudiar por el soldado, sino como una necesidad ulterior. Según el
escalafón jerárquico del samurai,
éste tenía acceso a un rango determinado de instrucción. A menudo la infantería
de a pie no realizaba más que avanzadillas lanza en mano, con unos toscos y
leves conocimientos del uso del combate cuerpo a cuerpo junto con algunas pinceladas
de esgrima con sable y lanza. A medida que las guerras discurren, surgen nuevas
estrategias, nuevas armas y nuevas formas de combate. Un soldado que pierde sus
herramientas principales, las rompe o extravía en plena contienda, debía
asegurarse no sólo su éxito en el campo de batalla sino, y mucho más
importante, su supervivencia. El combate a distancia corta usando las armas
disponibles e incluso la mano vacía, llegado el peor de los casos, empezó a
contemplarse como un recurso de obligado entrenamiento.
Los sogo bujutsu, las escuelas integrales de
adiestramiento militar, empiezan a crecer y a desarrollarse. Pese a que
disponemos de indicios de la existencia de sistemas especializados, y/o que
contienen técnicas de combate a mano vacía, anteriores o en los albores del
periodo Muromachi Jidai (1333-1568),
no es hasta bien entrado el s.XV cuando aparecen las primeras escuelas de artes
marciales propiamente dichas. Aquellas que poseen un programa estructurado de
enseñanza y adiestramiento del samurai en
las artes de guerra.
El
periodo Edo Jidai 江戸時代 (1603 – 1868) consolida la paz en Japón. La ausencia de conflicto
armado provoca el ocaso de numerosas tradiciones marciales, el desuso de muchas
armas y el desarrollo de otro tipo de técnica, acorde a un día a día más civil,
cortesano y urbano. Tokugawa Ieyasu
recibe el título de shogun (máximo
dirigente militar en Japón) en el año 1603 y consigue restablecer la ley y el
orden en el archipiélago. El país nipón recupera buena parte de su equilibrio
político, económico y social, aislándose del exterior durante más de dos
siglos. Desaparece el uso de la armadura para el combate, y del mismo modo el
uso habitual de la lanza, la alabarda y el arco, por poner ejemplos claros y
representativos… En este tiempo,
florecen los heifuku kumiuchi,
también llamado suhada kumiuchi, me
refiero a los métodos de combate cuerpo a cuerpo evolucionados del kumiuchi, pero ahora bajo el soporte del
ropaje urbano, es decir, haori
(chaqueta) y hakama (falda pantalón),
además del daisho (los dos sables).
Las escuelas antiguas que sobreviven, se especializan al máximo. Cuando la
distancia obliga y la determinación apremia, cualquier objeto se convierte en
arma, además del propio sable. Ya no hay campo abierto donde enfrentarse a
cientos de soldados, flechas y fuego de mosquetones. Ahora existen riñas en
estancias pequeñas, salones de té, asaltos en plena calle, reyertas en salones
de la corte y algún robo furtivo. Nace el Jujutsu,
el método urbano de combate y protección personal usado en el Japón del s. XVII
en adelante. La alternativa al uso del sable cuando este no podía ser blandido.
Las escuelas de Jujutsu, como método versátil en estas situaciones, ganan en popularidad.
Y gracias a ella, hoy podemos estudiar y conservar el Jujutsu como parte de la
cultura de ese fantástico país llamado Japón.

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