domingo, 29 de diciembre de 2013

Los orígenes del Jujutsu

Kiraku ryu Atemi Densho
Jujutsu, el célebre arte marcial japonés usado para la protección personal, se traduce muy a menudo como el arte flexible. Es comúnmente aceptado que el ideograma ju , leído en japonés yawara, significa suave. El célebre historiador japonés Watatani Kiyoshi nos describe en su obra Kosho bugeisha retsu den la lectura de este vocablo como derivado de los verbos yawaragu (suavizar) o también yawarageru (hacer de manera suave). Con este estudio léxico preliminar pretendo desenredar la idea generalizada de que el término yawara tiene como concepto algo o aquello que se ejecuta de manera “blanda”, “sin fuerza”... suave. El término “suavizar” nos invita a describir aquellos movimientos realizados desde la relajación corporal, con cierta tensión dinámica, mimetizándonos con el entorno, fluyendo sobre nuestro adversario hasta conseguir neutralizarle.

Los métodos autóctonos de lucha, en el país nipón son documentados por primera vez en las crónicas de Japón del año 720 d.C, el Nihon Shoki 日本書紀. El Sumai no Sechie se viste de gala durante el reinado de Suinin al recordar sus orígenes en el épico enfrentamiento entre Nomi no Sukune y Taima no Kehaya (este último, un noble de gran fuerza y estatura, según Mitford en su Tales of Old Japan). Esto ocurre alrededor del año 23 a.C. No se trataba más que de una banal disputa para demostrar quién era el mejor de los luchadores de la época. Esta primitiva contienda, marcó el patrón para el estudio y refinamiento posterior de los métodos de combate en Japón. De ahí, nació el Sumo, un combate ritual con tintes lúdicos, casi tal como lo conocemos hoy en día. El Sumo, ya entonces, era un deporte de masas, pero poco a poco, las incipientes y crecientes reyertas militares en Japón se percatan del potencial del Sumo como método de combate a mano vacía. Estamos a las puertas de otro cambio. 

La época Kamakura Jidai (1185-1333) se convierte en testimonio de primera fila de cómo el Sumo practicado hasta la fecha alcanza una nueva dimensión al verse transformado en un arte militar, una disciplina que pasa a formar parte del adiestramiento de tropas y que adopta el nombre de kumiuchi 組打. El creciente desorden social en el archipiélago y las disputas territoriales, provocan el nacimiento de los primeros cuerpos de combate adiestrados para tal menester, las primeras tropas, los bushi, los soldados de casta samurai.

Numerosas técnicas del Sumo son todavía válidas y por ello exportadas a los nuevos sistemas de combate. Pero bien cierto es que son complementados con el uso de los golpes con y sin armas, el uso del peso de la armadura una vez el enemigo era abatido y no podía levantarse (recordemos que las armaduras de esta época podía perfectamente situarse en los 25 kilos de peso, hecho que dificultaba la movilidad una vez derribado), también con las presiones sobre el menpo (careta que cubría parcialmente la cara) y el uso de las dagas (yoroi doshi, kodachi) en las zonas desprotegidas por la armadura para acabar con la vida del individuo. 

El combate cuerpo a cuerpo no surge como una especialidad más a estudiar por el soldado, sino como una necesidad ulterior. Según el escalafón jerárquico del samurai, éste tenía acceso a un rango determinado de instrucción. A menudo la infantería de a pie no realizaba más que avanzadillas lanza en mano, con unos toscos y leves conocimientos del uso del combate cuerpo a cuerpo junto con algunas pinceladas de esgrima con sable y lanza. A medida que las guerras discurren, surgen nuevas estrategias, nuevas armas y nuevas formas de combate. Un soldado que pierde sus herramientas principales, las rompe o extravía en plena contienda, debía asegurarse no sólo su éxito en el campo de batalla sino, y mucho más importante, su supervivencia. El combate a distancia corta usando las armas disponibles e incluso la mano vacía, llegado el peor de los casos, empezó a contemplarse como un recurso de obligado entrenamiento.

Los sogo bujutsu, las escuelas integrales de adiestramiento militar, empiezan a crecer y a desarrollarse. Pese a que disponemos de indicios de la existencia de sistemas especializados, y/o que contienen técnicas de combate a mano vacía, anteriores o en los albores del periodo Muromachi Jidai (1333-1568), no es hasta bien entrado el s.XV cuando aparecen las primeras escuelas de artes marciales propiamente dichas. Aquellas que poseen un programa estructurado de enseñanza y adiestramiento del samurai en las artes de guerra. 

El periodo Edo Jidai 江戸時代 (1603 – 1868) consolida la paz en Japón. La ausencia de conflicto armado provoca el ocaso de numerosas tradiciones marciales, el desuso de muchas armas y el desarrollo de otro tipo de técnica, acorde a un día a día más civil, cortesano y urbano. Tokugawa Ieyasu recibe el título de shogun (máximo dirigente militar en Japón) en el año 1603 y consigue restablecer la ley y el orden en el archipiélago. El país nipón recupera buena parte de su equilibrio político, económico y social, aislándose del exterior durante más de dos siglos. Desaparece el uso de la armadura para el combate, y del mismo modo el uso habitual de la lanza, la alabarda y el arco, por poner ejemplos claros y representativos…  En este tiempo, florecen los heifuku kumiuchi, también llamado suhada kumiuchi, me refiero a los métodos de combate cuerpo a cuerpo evolucionados del kumiuchi, pero ahora bajo el soporte del ropaje urbano, es decir, haori (chaqueta) y hakama (falda pantalón), además del daisho (los dos sables). Las escuelas antiguas que sobreviven, se especializan al máximo. Cuando la distancia obliga y la determinación apremia, cualquier objeto se convierte en arma, además del propio sable. Ya no hay campo abierto donde enfrentarse a cientos de soldados, flechas y fuego de mosquetones. Ahora existen riñas en estancias pequeñas, salones de té, asaltos en plena calle, reyertas en salones de la corte y algún robo furtivo. Nace el Jujutsu, el método urbano de combate y protección personal usado en el Japón del s. XVII en adelante. La alternativa al uso del sable cuando este no podía ser blandido. Las escuelas de Jujutsu, como método versátil en estas situaciones, ganan en popularidad. Y gracias a ella, hoy podemos estudiar y conservar el Jujutsu como parte de la cultura de ese fantástico país llamado Japón.

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