Del mismo modo que en las
escuelas e institutos occidentales existen las asignaturas de educación física
y/o gimnasia, en Japón esta tarea la asume el Kendo, desde los primeros años de
escuela de todos los niños. De curso obligado hasta la mayoría de edad, tanto
Judo como Kendo se perfilan como excelentes métodos de educación física basados
en las antiguas tradiciones y valores de los samurai. Aunque el Kendo hoy día es más un
deporte que una tradición marcial, conserva buena parte de los arquetipos que
en su momento definían al guerrero.Para hablar del samurai y en este caso, del combate con sable, debemos remontarnos muchos siglos atrás y estudiar su evolución. La espada japonesa (en realidad un sable) surgió a mediados del siglo XI, ya con su característica forma curva y de un solo filo. Nace el Kenjutsu, la esgrima japonesa. La mayoría de escuelas que adiestraban en su uso, junto con el de otras muchas armas, surgieron durante una época muy conflictiva en el archipiélago japonés. Entre los años 1392 y 1573, la era Muromachi, Japón vivió una profunda escisión y conflicto constante por el poder territorial y político, y fue en este momento cuando las primeras escuelas de artes marciales nacieron, la primera fue Katori Shinto ryu, y le siguieron tradiciones como Bokuden ryu, Kashima Shinto ryu o Jikishinkage ryu. Todos los samurai portaban 2 sables consigo, era el distintivo de su clase social (la más alta) y su principal arma de combate. Por tanto, la destreza en su uso, era de obligado entrenamiento.
A partir del siglo XVII (del 1603 en adelante), Japón sufrió un drástico cambio socio-político, y también en muchas de sus tradiciones. Se acabaron las guerras, y por consiguiente las técnicas de combate también sufrieron profundas modificaciones para adaptarse a un estilo de vida mucho más civilizado, pacífico y protocolario. Japón estaba en paz y las artes marciales continuaron su práctica, pero esta vez, y en muchos casos, como forma de vivir más allá de la muerte. Los samurai entregaron su vida al refinamiento de sus tareas diarias, al cultivo de la mente, pero sin abandonar el sable. Con el tiempo, y para evitar accidentes, el Kenjutsu adopta ciertas medidas de seguridad para con sus practicantes. Se crean una serie de protecciones, basadas en las antiguas armaduras, y usan para el entrenamiento los sables de madera (bokken). Con esto, disminuyen los accidentes en la práctica, ya que esta entonces entrenaban con sables reales. Muchos samurai de renombre plasman sobre papel y tinta sus conocimientos sobre el arte del sable, y estos se convierten en textos de referencia para los samurai de la época y por consiguiente para las futuras escuelas de Kendo. Estos son Heiho Kodensho (la espada que da vida) de Yagyu Munenori; Fudochi Shinmyoroku (la mente sin grilletes) del monje Takuan, que era una interpretación escrita del libro de Yagyu Munemori; Ken to Zen ( la espada y el Zen) escrito por Iemitsu Tokugawa, el tercer Shogun del Gobierno Tokugawa; y el legendario Gorin no Sho del célebre samurai Miyamoto Musashi.
Entrado el siglo XVIII, los encuentros entre escuelas se hacen más confortables formales y abiertos, y es cuando nuevas formas de entrenamiento se ponen en práctica. Naganuma Shirozaemon Kunisato, maestro de la tradición Jikishinkage ryu crea lo que actualmente se conoce como bogu, la armadura de entrenamiento usada en el Kendo moderno. Además, codifica un sistema de técnicas, basadas en las escuelas antiguas, que asientan la aceptación del Kendo en el entorno social de la época. También desarrolló el shinai, el sable de entrenamiento confeccionado con 4 láminas de bambú unidas fuertemente mediante cordones de cuero. Un poco más tarde, Nakanishi Chuzo Kotake, de la tradición Itto ryu, añadió el uso del casco. A finales del s.XVIII, las competiciones entre escuelas eran muy populares, y los samurai avezados de perfeccionar su técnica de combate acudían a las mismas de forma regular. Existían 3 dojo (centros de entrenamiento) muy populares en la época al que los samurai acudían para perfeccionarse y medir sus habilidades con otros practicantes del artes del sable. Estas escuelas eran Renpeikan, Shigakan y Genbukan y eran centros muy concurridos. En este Kendo primigenio, todas las técnicas eran permitidas, se podía atacar, no sólo a la cabeza, tronco o brazos, sino también piernas, espalda e incluso realizar técnicas de derribo, luxación a las articulaciones, patear, etc… El Kenjutsu y su estudio conformaban la esencia misma del combate.
Estamos en los albores del s. XX y Japón, después de una terrible guerra civil, abre sus puertas a la modernización y a la entrada de la tecnología y hábitos occidentales. Se acaba le era de los samurai, se les prohíbe portar sables y les obligan a renunciar a todos sus privilegios. En este momento no sólo el Kenjutsu sino las artes marciales en general se sumergen en un profundo declive. No obstante, un reducto de incondicionales maestros conservadores de la cultura marcial japonesa pertenecientes a la Dai Nippon Butokukai (la organización marcial más antigua de Japón), deciden paliar el dolor de este tremendo hachazo creando el Dai Nippon Teikoku Kendo Kata. A través del mismo, unifican las técnicas de combate con sable más representativas de todas las escuelas y de esta forma hacer perdurar el espíritu de los samurai en un país sumido en el declive de sus tradiciones. Es la primera vez que la palabra Kendo aparece en el vocabulario nipón.
Tras un largo paréntesis provocado por la 2ª Guerra Mundial (recordemos que el General MacArthur prohibió la practica de las artes marciales en Japón durante muchos años al finalizar la guerra), el Kendo recobró cierta popularidad. En 1952 se crea la All Japan Kendo Federation y a partir de entonces el Kendo toma un papel relevante en la educación de los jóvenes japoneses, ya desde bien pequeños y en la misma escuela. Más tarde, en 1970, se crea la que hoy en día es la organización regente del Kendo a nivel mundial, la IKF (International Kendo Federation). En ese mismo año, se celebra el primer Campeonato del Mundo de Kendo. Desde entonces, la popularidad y el crecimiento del Kendo y sus valores altamente educativos ha sido exponencial. Incluido como asignatura obligatoria entre todos los escolares de Japón, el Kendo es sin lugar a dudas el último bastión de la cultura samurai ente los japoneses de hoy. Aunque la mayoría lo practican como deporte, el Kendo posee una riqueza interior digna de ser explorada por cualquier enamorado de la tradición japonesa. Es el moderno legado de los samurai.
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