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| Anzawa Heijiro, Honda ryu Kyudo. |
Durante
el siglo IX en Japón, el sexto hijo del emperador Shinwa no Tenno, llamado Sadazumi no Tenno (874-916) crea la
dinastía Minamoto. Sadazumi ya en su tiempo escribió 5 libros de arquería y era
reconocido como el mejor maestro en tiro con arco de su época. En esta época,
Japón empezó a dejar de lado paulatinamente las referencias chinas en cuanto a
las artes militares dando paso a una personalidad propia mucho más definida.
Cuentan los textos que en la capital de la época, Heian kyo, fue creado el primer instituto de formación militar, el
Butokukan, donde la enseñanza del tiro con arco se erguía como distintivo de la
alta clase social militar. No en vano, los llamados Kyusen no ie (familia de arco y flecha) y su habilidad con el arco
fueron determinantes en la incipiente jerarquía japonesa. Estamos en una época en que la tendencia
militar cambia, y el uso del arco en batalla se convierte en una necesidad de
carácter vital.
Henmi
ryu fue la primera escuela de tiro con arco, a la que le siguieron Takeda ryu, Ogasawara ryu (especializada
en el tiro con arco a caballo), Yamato
ryu o Heki ryu. Esta última,
fundada por Heki Danjo Masatsugu 1443-1502)
marcó un hito en la técnica, rapidez y versatilidad de los guerreros de a pie. No
obstante, la entrada de las armas de fuego en Japón a través de los
portugueses, rediseñaron completamente el panorama y la eficacia en la guerra.
El uso eficaz del arco y la flecha requería de un entrenamiento exhaustivo y
prolongado, nada que ver que el uso del fusil de la época (tanegashima), el cual usaban las tropas de pie, conformadas por
granjeros y otros diversos estratos sociales son formación militar, con una
facilidad pasmosa. En este momento, el yumi en las tropas de infantería quedó
relegado en favor de las armas largas (picas y lanzas) y las armas de fuego.
El fín de las guerra civiles en Japón tras la guerra de
Sekigahara (1600-1603) y la toma de
poder de la familia Tokugawa, provoca un cambio drástico en la sociedad
japonesa. El desuso de armaduras y de muchas de las armas utilizadas hasta la
época en campo abierto, incluidos el arco y la flecha, conduce a un rediseño y
reestructuración de las tácticas y estrategias de guerra. Todo se focaliza al
uso urbano, al porte de ropas civiles, a los conflictos en el interior de
palacio, en salones de té, duelos o riñas en plena calzada. En este tiempo, las
jerarquías sociales emergen de forma rotunda, es el tiempo del protocolo, de la
etiqueta, del decoro. Pero el Kyujutsu, a diferencia de la esgrima u otras
artes que todavía sobreviven con cierta integridad, sufre un cambio drástico.
Desde la entrada del budismo en Japón de manos de Kukai
(774-835), esta doctrina ascética ha estado íntimamente ligada a la vía del
guerrero. El budismo Shingon y más tarde el Tendai proporcionaron al samurai un
estado de calma para el antes y el después del combate, un método para templar
el espíritu y desprenderlo de todo apego a la vida, así como la indiferencia a
la muerte. Es sin embargo el budismo Zen el que logra alcanzar más protagonismo
durante el periodo Edo. El Bujutsu
empieza a transformarse en Budo. La
habilidad y el entrenamiento focalizado en el campo de batalla deja paso al
entrenamiento y la habilidad para con uno mismo, la superación personal y la
búsqueda del equilibrio entre lo físico y lo espiritual. Lo externo y lo
interno. Lo visible y lo invisible. El Kyujutsu
da paso al Kyudo.
En la actualidad el Kyudo, según la Zen Nihon Kyudo Renmei (organización japonesa de máxima autoridad
en Kyudo) regula la práctica del Kyudo mediante el trinomio shin-zen-bi, corazón, divinidad y belleza,
tres estadios fundamentales de práctica donde la calma interior se une con la
forma exterior. Según el tipo de
escuela, se practica con fines más marciales (la habilidad de disparar y
acertar en el blanco bajo diferentes circunstancias y escenarios) o ascéticos
(como forma de meditación y práctica de cultivo interior). En cualquier caso,
el fin será común: buscar el refinamiento en la forma, para alcanzar un estado
de equilibrio ideal. Y para ello los lugares donde se practica Kyudo poseen una
magia especial. Los dojo (lugar de
práctica de la vía) de Kyudo se encuentran impregnados de sosiego, calma,
equilibrio y una atmósfera de concentración y precisión fuera de lo común.
Grandes galerías, en buena parte al aire libre, con makiwara (dianas de paja) dispuestas a
decenas de metros, esperan los disparos de los practicantes de Kyudo, como los
cerezos el Hanami, el encuentro es
inevitable. La flecha, cargada de toda la intención y corazón del practicante
de tiro con arco, sobrevuela el horizonte buscando el blanco perfecto. Si la
mente está en su lugar y el cuerpo persevera, el objetivo llega sólo. Como la
vida misma.

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