Mucho se ha escrito y rodado
sobre la katana y su uso, y mucho también es su desconocimiento y desinformación.
El sable japonés (que no espada) es más que una herramienta de combate de los
antiguos. Se trata de un símbolo cultural que ha trascendido en la historia de
Japón siglo tras siglo. Desde tiempos donde la historia se funde con el mito y
la leyenda, se forja en un Japón que se ha construido a sí mismo siguiendo un
modelo budista, el cual desde tiempo inmemoriables ha sido el corcel sobre el
que ha cabalgado hasta occidente para diseminar su cultura minimalista y su
belleza simplista. Los tres tesoros sagrados, llamados Sanshu no Jingi, que representan
las tres virtudes elementales, son el espejo, la joya y el sable (espada). El
sable representa el valor, el coraje, y sin duda plasma fielmente el espíritu
de aquellos que encumbraron la Katana como estandarte de una casta militar
gobernante en el archipiélago durante siglos, los samurai. En la lengua
japonesa podemos encontrar varios sustantivos que nos referirán al sable además
del término Katana. Estos son nihon to (sable japonés), ken y token, este
último más abstracto y genérico.
A lo largo de la historia y
dependiendo del contexto socio-político y, sobre todo, según las necesidades en
el arte de la guerra, la katana sufre modificaciones y evoluciones a partir de los
modelos originales. El primer periodo de forja de los primeros sables (espadas
de un solo filo) data del siglo 10 aC, hablamos del periodo jokoto. Luego le
siguen los modelos del periodo koto (que comprenden las épocas heian, kamakura
y las sanguinarias guerras civiles del periodo sengoku. Más adelante aparecen
los sables forjados en los albores de la época Edo hasta su mitad, el periodo shinto
(1596–1780), luego el periodo shinshinto (1781–1876), el gendaito (1876–1945),
y finalmente el shinsakuto que acoge los sables forjados desde la posguerra
hasta nuestros días.
Muy al principio en la época
heian (794-1156), el sable de los soldados era un instrumento meramente de
caballería. Los oficiales, montados a caballo, disponían de un sable sostenido
de su lado izquierdo de la cadera, con el filo hacia abajo. Este modo de portar
el arma servóa eficazmente al desenvaine del arma y los tajos descargados desde
el caballo. Era los llamados tachi, los primeros sables curvos, ya que conviene
recordar que hasta esta época en Japón se utilizaban espadas rectas de doble
filo. Parece ser que no fue hasta el periodo Muromachi (1337-1573) cuando los
tachi pasaron a ser definitivamente katana, esto es, un arma de menor longitud,
con una curva menos pronunciada, más liviana y portada en el cinto, al lado
izquierdo con el filo hacia arriba. Durante los siglos 14 y 15, la longitud de
la hoja rondaba los 70-73 cm, longitud que se vio reducida en el periodo
Muromachi y que más tarde recuperó a principios del periodo Edo (1600-1868).
La forja de una katana
comprende de una ritualística muy especial, y un proceso tecnológico fuera de
lo común. Partiendo de la base de un acero especial llamado tamahagane - un
acero especial japonés, resultado de la mezcla de varias capas de otros aceros
de diferentes concentraciones de carbono – el cual el forjador va doblando y
soldando hasta eliminar impurezas y alcanzar la forma adecuada. Debido al
control que el forjador tiene de las diferentes densidades del carbono en las
estructuras de la hoja, consigue poco a poco curvarla y ofrecerle una
flexibilidad única, consiguiendo un núcleo flexible para absorber impactos de
alta potencia y una capa exterior dura y resistente. El afilado de los sables
era a menudo comprobado mediante diferentes pruebas de corte a cadáveres de
reos, vagabundos o gente de clase social baja. Un buen sable en manos de un
samurai con la pericia adecuada, podía seccionar sin problema un brazo, una
pierna una cabeza e, incluso en algunos casos extraños, partir en dos a una
persona. Muchas veces se habla de la katana como un bisturí de grandes dimensiones.
Al finalizar las guerras
civiles y empezar en Japón un periodo de paz (la era Edo o periodo Tokugawa),
el uso del sable cambió sustancialmente, acorde a una época en la que el
refinamiento artístico alcanzó cotas muy elevadas de popularidad. El manejo y
técnica del sable cambió, pero también la ornamentación del mismo. Tsubas
(guardamanos) lacados y construidos de infinitas y bellas formas, pasadores
dorados, adornos usando seres mitológicos, manufacturados de piel de caballo o
tiburón en las empuñaduras, lacados, etc… La katana y su halo esotérico como
parte integrante del alma de un guerrero se adaptaron al nuevo orden social,
donde el estricto protocolo requería un uso y porte correcto del arma. El sable
que sirvió para ganar guerras es ahora un instrumento de autocontrol y búsqueda
interior. En la batalla de Nagashino (1575) quedó latente y patente el desuso
de las armas blancas frente a soldados armados con fusiles. Es así como en los
albores del periodo que nos ocupa, el periodo Edo, los guerreros empezaron a
especializarse en el uso de unas pocas armas, portables todas ellas en medio
urbano, alzándose el sable en un reinado casi eterno. En 1588 ya se asentó la
prohibición del porte de armas para los campesinos y clases bajas, el célebre
katanagari, con el objetivo de evitar sublevaciones y revueltas. La llegada de
Tokugawa también les cercenó la dignidad, pudiendo ser ejecutados en el acto si
ofendían a un samurai. Este radical y visceral derecho de los samurai tomó el
nombre de kirisute gomen.
Muchas escuelas de artes
marciales japonesas, que perduran hasta nuestros días, han desarrollado una
ciencia precisa, sutil y sofisticada para el uso del sable en combate, sin
perder ápice de esa sutil belleza con la que fueron bañadas las artes de la
guerra durante el periodo de la Paz Tokugawa. La esgrima japonesa, llamada
kenjutsu, se transmite actualmente a lo largo y ancho del globo. La más antigua
de esas tradiciones es Tenshin Shoden Katori Shinto ryu (fechada en el siglo
XV), pero le siguen de cerca algunas de sus descendientes como Kashima Shin
ryu, Bokuden ryu y Yagyu Shinkage ryu. También otras escuelas célebres de
esgrima fueron Tatsumi ryu, Onoha itto ryu y por supuesto, no podemos olvidar
Niten Ichi ryu, la escuela de esgrima fundada por el célebre ronin Miyamoto
Musashi en el siglo XVII. El cine y la literatura, con más o menos acierto, sin
duda catapultaron la popularidad del sable japonés hasta nuestra época y de
este modo degustar las mieles de la katana como parte del vasto armamento de
los antiguos guerreros, y hoy convertida en objeto de culto, mito y leyenda.

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