domingo, 29 de diciembre de 2013

Katana, breve introducción al sable japonés.



Mucho se ha escrito y rodado sobre la katana y su uso, y mucho también es su desconocimiento y desinformación. El sable japonés (que no espada) es más que una herramienta de combate de los antiguos. Se trata de un símbolo cultural que ha trascendido en la historia de Japón siglo tras siglo. Desde tiempos donde la historia se funde con el mito y la leyenda, se forja en un Japón que se ha construido a sí mismo siguiendo un modelo budista, el cual desde tiempo inmemoriables ha sido el corcel sobre el que ha cabalgado hasta occidente para diseminar su cultura minimalista y su belleza simplista. Los tres tesoros sagrados, llamados Sanshu no Jingi, que representan las tres virtudes elementales, son el espejo, la joya y el sable (espada). El sable representa el valor, el coraje, y sin duda plasma fielmente el espíritu de aquellos que encumbraron la Katana como estandarte de una casta militar gobernante en el archipiélago durante siglos, los samurai. En la lengua japonesa podemos encontrar varios sustantivos que nos referirán al sable además del término Katana. Estos son nihon to (sable japonés), ken y token, este último más abstracto y genérico.

A lo largo de la historia y dependiendo del contexto socio-político y, sobre todo, según las necesidades en el arte de la guerra, la katana sufre modificaciones y evoluciones a partir de los modelos originales. El primer periodo de forja de los primeros sables (espadas de un solo filo) data del siglo 10 aC, hablamos del periodo jokoto. Luego le siguen los modelos del periodo koto (que comprenden las épocas heian, kamakura y las sanguinarias guerras civiles del periodo sengoku. Más adelante aparecen los sables forjados en los albores de la época Edo hasta su mitad, el periodo shinto (1596–1780), luego el periodo shinshinto (1781–1876), el gendaito (1876–1945), y finalmente el shinsakuto que acoge los sables forjados desde la posguerra hasta nuestros días.

Muy al principio en la época heian (794-1156), el sable de los soldados era un instrumento meramente de caballería. Los oficiales, montados a caballo, disponían de un sable sostenido de su lado izquierdo de la cadera, con el filo hacia abajo. Este modo de portar el arma servóa eficazmente al desenvaine del arma y los tajos descargados desde el caballo. Era los llamados tachi, los primeros sables curvos, ya que conviene recordar que hasta esta época en Japón se utilizaban espadas rectas de doble filo. Parece ser que no fue hasta el periodo Muromachi (1337-1573) cuando los tachi pasaron a ser definitivamente katana, esto es, un arma de menor longitud, con una curva menos pronunciada, más liviana y portada en el cinto, al lado izquierdo con el filo hacia arriba. Durante los siglos 14 y 15, la longitud de la hoja rondaba los 70-73 cm, longitud que se vio reducida en el periodo Muromachi y que más tarde recuperó a principios del periodo Edo (1600-1868).

La forja de una katana comprende de una ritualística muy especial, y un proceso tecnológico fuera de lo común. Partiendo de la base de un acero especial llamado tamahagane - un acero especial japonés, resultado de la mezcla de varias capas de otros aceros de diferentes concentraciones de carbono – el cual el forjador va doblando y soldando hasta eliminar impurezas y alcanzar la forma adecuada. Debido al control que el forjador tiene de las diferentes densidades del carbono en las estructuras de la hoja, consigue poco a poco curvarla y ofrecerle una flexibilidad única, consiguiendo un núcleo flexible para absorber impactos de alta potencia y una capa exterior dura y resistente. El afilado de los sables era a menudo comprobado mediante diferentes pruebas de corte a cadáveres de reos, vagabundos o gente de clase social baja. Un buen sable en manos de un samurai con la pericia adecuada, podía seccionar sin problema un brazo, una pierna una cabeza e, incluso en algunos casos extraños, partir en dos a una persona. Muchas veces se habla de la katana como un bisturí de grandes dimensiones.

Al finalizar las guerras civiles y empezar en Japón un periodo de paz (la era Edo o periodo Tokugawa), el uso del sable cambió sustancialmente, acorde a una época en la que el refinamiento artístico alcanzó cotas muy elevadas de popularidad. El manejo y técnica del sable cambió, pero también la ornamentación del mismo. Tsubas (guardamanos) lacados y construidos de infinitas y bellas formas, pasadores dorados, adornos usando seres mitológicos, manufacturados de piel de caballo o tiburón en las empuñaduras, lacados, etc… La katana y su halo esotérico como parte integrante del alma de un guerrero se adaptaron al nuevo orden social, donde el estricto protocolo requería un uso y porte correcto del arma. El sable que sirvió para ganar guerras es ahora un instrumento de autocontrol y búsqueda interior. En la batalla de Nagashino (1575) quedó latente y patente el desuso de las armas blancas frente a soldados armados con fusiles. Es así como en los albores del periodo que nos ocupa, el periodo Edo, los guerreros empezaron a especializarse en el uso de unas pocas armas, portables todas ellas en medio urbano, alzándose el sable en un reinado casi eterno. En 1588 ya se asentó la prohibición del porte de armas para los campesinos y clases bajas, el célebre katanagari, con el objetivo de evitar sublevaciones y revueltas. La llegada de Tokugawa también les cercenó la dignidad, pudiendo ser ejecutados en el acto si ofendían a un samurai. Este radical y visceral derecho de los samurai tomó el nombre de kirisute gomen.

Muchas escuelas de artes marciales japonesas, que perduran hasta nuestros días, han desarrollado una ciencia precisa, sutil y sofisticada para el uso del sable en combate, sin perder ápice de esa sutil belleza con la que fueron bañadas las artes de la guerra durante el periodo de la Paz Tokugawa. La esgrima japonesa, llamada kenjutsu, se transmite actualmente a lo largo y ancho del globo. La más antigua de esas tradiciones es Tenshin Shoden Katori Shinto ryu (fechada en el siglo XV), pero le siguen de cerca algunas de sus descendientes como Kashima Shin ryu, Bokuden ryu y Yagyu Shinkage ryu. También otras escuelas célebres de esgrima fueron Tatsumi ryu, Onoha itto ryu y por supuesto, no podemos olvidar Niten Ichi ryu, la escuela de esgrima fundada por el célebre ronin Miyamoto Musashi en el siglo XVII. El cine y la literatura, con más o menos acierto, sin duda catapultaron la popularidad del sable japonés hasta nuestra época y de este modo degustar las mieles de la katana como parte del vasto armamento de los antiguos guerreros, y hoy convertida en objeto de culto, mito y leyenda.

Kyudo, el arte del Tiro con Arco


Anzawa Heijiro, Honda ryu Kyudo.
Desde que el hombre es hombre y necesita sobrevivir, el arco y la flecha han estado presentes en muchísimas civilizaciones. Japón, no es una excepción. Los primeros rastros del uso del yumi (el arco japonés) en el archipiélago nipón nos remontan al periodo Yayoi (300 aC. al 250 dC), con una más que probable importación desde el continente chino. En ese tiempo, el arco se utilizaba tanto para cazar como para la guerra., estamos ante el nacimiento del Kyujutsu.

Durante el siglo IX en Japón, el sexto hijo del emperador Shinwa no Tenno, llamado Sadazumi no Tenno (874-916) crea la dinastía Minamoto. Sadazumi ya en su tiempo escribió 5 libros de arquería y era reconocido como el mejor maestro en tiro con arco de su época. En esta época, Japón empezó a dejar de lado paulatinamente las referencias chinas en cuanto a las artes militares dando paso a una personalidad propia mucho más definida. Cuentan los textos que en la capital de la época, Heian kyo, fue creado el primer instituto de formación militar, el Butokukan, donde la enseñanza del tiro con arco se erguía como distintivo de la alta clase social militar. No en vano, los llamados Kyusen no ie (familia de arco y flecha) y su habilidad con el arco fueron determinantes en la incipiente jerarquía japonesa.  Estamos en una época en que la tendencia militar cambia, y el uso del arco en batalla se convierte en una necesidad de carácter vital.

Henmi ryu fue la primera escuela de tiro con arco, a la que le siguieron Takeda ryu, Ogasawara ryu (especializada en el tiro con arco a caballo), Yamato ryu o Heki ryu. Esta última, fundada por Heki Danjo Masatsugu 1443-1502) marcó un hito en la técnica, rapidez y versatilidad de los guerreros de a pie. No obstante, la entrada de las armas de fuego en Japón a través de los portugueses, rediseñaron completamente el panorama y la eficacia en la guerra. El uso eficaz del arco y la flecha requería de un entrenamiento exhaustivo y prolongado, nada que ver que el uso del fusil de la época (tanegashima), el cual usaban las tropas de pie, conformadas por granjeros y otros diversos estratos sociales son formación militar, con una facilidad pasmosa. En este momento, el yumi en las tropas de infantería quedó relegado en favor de las armas largas (picas y lanzas) y las armas de fuego.

El fín de las guerra civiles en Japón tras la guerra de Sekigahara (1600-1603) y  la toma de poder de la familia Tokugawa, provoca un cambio drástico en la sociedad japonesa. El desuso de armaduras y de muchas de las armas utilizadas hasta la época en campo abierto, incluidos el arco y la flecha, conduce a un rediseño y reestructuración de las tácticas y estrategias de guerra. Todo se focaliza al uso urbano, al porte de ropas civiles, a los conflictos en el interior de palacio, en salones de té, duelos o riñas en plena calzada. En este tiempo, las jerarquías sociales emergen de forma rotunda, es el tiempo del protocolo, de la etiqueta, del decoro. Pero el Kyujutsu, a diferencia de la esgrima u otras artes que todavía sobreviven con cierta integridad, sufre un cambio drástico.

Desde la entrada del budismo en Japón de manos de Kukai (774-835), esta doctrina ascética ha estado íntimamente ligada a la vía del guerrero. El budismo Shingon y más tarde el Tendai proporcionaron al samurai un estado de calma para el antes y el después del combate, un método para templar el espíritu y desprenderlo de todo apego a la vida, así como la indiferencia a la muerte. Es sin embargo el budismo Zen el que logra alcanzar más protagonismo durante el periodo Edo. El Bujutsu empieza a transformarse en Budo. La habilidad y el entrenamiento focalizado en el campo de batalla deja paso al entrenamiento y la habilidad para con uno mismo, la superación personal y la búsqueda del equilibrio entre lo físico y lo espiritual. Lo externo y lo interno. Lo visible y lo invisible. El Kyujutsu da paso al Kyudo.

En la actualidad el Kyudo, según la Zen Nihon Kyudo Renmei (organización japonesa de máxima autoridad en Kyudo) regula la práctica del Kyudo mediante el trinomio shin-zen-bi, corazón, divinidad y belleza, tres estadios fundamentales de práctica donde la calma interior se une con la forma exterior. Según el tipo de escuela, se practica con fines más marciales (la habilidad de disparar y acertar en el blanco bajo diferentes circunstancias y escenarios) o ascéticos (como forma de meditación y práctica de cultivo interior). En cualquier caso, el fin será común: buscar el refinamiento en la forma, para alcanzar un estado de equilibrio ideal. Y para ello los lugares donde se practica Kyudo poseen una magia especial. Los dojo (lugar de práctica de la vía) de Kyudo se encuentran impregnados de sosiego, calma, equilibrio y una atmósfera de concentración y precisión fuera de lo común.

Grandes galerías, en buena parte al aire libre, con makiwara (dianas de paja) dispuestas a decenas de metros, esperan los disparos de los practicantes de Kyudo, como los cerezos el Hanami, el encuentro es inevitable. La flecha, cargada de toda la intención y corazón del practicante de tiro con arco, sobrevuela el horizonte buscando el blanco perfecto. Si la mente está en su lugar y el cuerpo persevera, el objetivo llega sólo. Como la vida misma.